La invitación Maldita_Sugeyli Cervantes Tzuc_3C

 




 

 

Aquel día, cuando todo parecía normal, en un pequeño pueblo rodeado de árboles y caminos polvorientos, vivía María, una niña solitaria, con su madre… Ella vivía con su madre, quien trabajaba día y noche, por lo que apenas tenía   tiempo para ella.  Aunque era buena y curiosa, no tenía muchos amigos, y solía mirar desde su ventana cómo los demás niños jugaban en la plaza.

 

Una noche en medio del silencio, mientras la luna iluminaba las calles desiertas, el timbre de su casa sonó de repente. María, sorprendida, corrió a abrir la puerta. No había nadie, solo una carta colocada en el suelo. La tomó con manos temblorosas y leyó:

 

"Estás invitada a una fiesta esta medianoche. Sigue las coordenadas y no faltes."

 

 

Intrigada, pensó y pensó durante horas. Finalmente, decidió ir.

 

María caminó siguiendo las indicaciones hasta llegar a una casa abandonada, oscura y cubierta de enredaderas. El viento soplaba fuerte, y cada paso que daba hacía crujir las hojas secas en sus pies. Empujó la puerta principal, que se abrió con un chirrido, y avanzó por un pasillo largo hasta encontrar otra puerta. Al abrirla, quedó sin aliento: frente a ella había una fiesta, pero no era una fiesta común.

 

Sombras danzaban en el aire, fantasmas, esqueletos y monstruos tocaban instrumentos oxidados y flotaban alrededor de una mesa repleta de velas encendidas. Monstruos de todas las formas reían y aplaudían, como si hubieran estado esperando su llegada.

 

María intentó escapar, pero la salida se cerró de golpe. Los monstruos, al verla, se emocionaron y comenzaron a rodearla. Uno de ellos, con voz grave, le dijo:

 

—Bienvenida, niña, ahora eres parte de nuestra celebración.

 

Ella, aterrada, respondió: —¡Déjenme salir, por favor!

 

No obstante, las criaturas reían y bailaban alrededor de la niña, mientras la música espectral llenaba la sala. Al principio, María estaba asustada; sin embargo, poco a poco comenzó a jugar con los fantasmas, a bailar con los esqueletos y, sorprendentemente, se divirtió como nunca antes.

 

Final mente, al amanecer, María regresó a su casa con el corazón acelerado. Les contó a sus padres lo sucedido, pero ellos no le creyeron. Para demostrarlo, los llevó hasta el lugar donde había estado la fiesta. Sin embargo, al llegar, solo encontraron un terreno vacío, cubierto de hierba seca, como si nunca hubiera existido una construcción allí.

 

Desde entonces, cada año, en la misma fecha y a la misma hora, una nueva carta aparecía en el la puerta  de su casa. Era la misma invitación, escrita con letras torcidas y un olor extraño, que la convocaba a la fiesta maldita. Nadie más podía verla, nadie más podía tocarla: parecía destinada únicamente a ella, aunque nadie más podía ayudarla.

 

Al mismo tiempo, mientras el pueblo dormía tranquilo, María volvía a bailar entre sombras, atrapada en un destino del que jamás podría escapar.

Comentarios

  1. Buenas tardes al autor, me interéso el ambiente qué se da de misterio y terror que tiene, pero falta darle profundidad a los personajes y no solo si fueran centrado en un grupo como "los monstruos", en ortografía es decente pero falta el uso de comas y aclarar varias cosas, sin más que decir eso son los puntos a mejorar.

    - Escrito por Joel Antonio Dzib Lona
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